Qué bares prefieren los romanos
No resulta fácil en Roma trazar la frontera que separa los cafés de los bares. En los primeros suele haber mesas y una amplia gama de bebidas de todo tipo y en los segundos no es infrecuente que los clientes se sienten en la barra para saborear fugazmente el enésimo expreso del día, pues probablemente en ningún otro sitio, y en esto es muy singular la capital de Italia, el café, casi una religión, sea tan importante.

Como consecuencia, el grado de sibaritismo alcanzado por los romanos es tan sofisticado (tanto en lo relativo al café como al sumamente delicado arte de tomar el aperitivo que antecede a las comidas) que conviene estar al tanto de los lugares que frecuentan si queremos que nuestra estancia en la ciudad también participe de esa otra experiencia estética que traspasa la puerta de los museos y nos enseña a vivir la vida como un ritual dramático que le otorga valor y sentido a la existencia.
El Baylón Café (Via di San Francesco a Ripa, 151) es uno de los últimos gritos en el siempre popular y animado barrio del Trastevere, uno de los auténticos pulmones de la más auténtica Roma. Resulta un sitio perfecto para esas horas muertas entre el almuerzo y la cena en las que resulta invencible la tentación de tomar algo salado. El aperitivo, que acaba en buena parte de los casos incluso substituyendo a la comida propiamente dicha, alcanza aquí una categoría pocas veces vista, fenómeno al que no es ajena la extremada simpatía de los camareros, que resultan perfectamente encantadores. Por si eso fuera poco, por la mañana temprano resulta un lugar ideal para tomar el primer café, su capuchino tiene fama legendaria, de la mañana.
De apariencia más funcional y modesta, el Boccone, situado en el centro de la ciudad, en la Piazza di Pietra, cerca del Panteón, es popularmente conocido como el paraíso de los paninis y sándwiches. Sólo por la vista que ofrece de las once columnas procedentes del Templo de Adriano que adornan la plaza ya merecería la pena visitarlo, pero el romano que acude a este establecimiento a por su comida para llevar va pensando mucho menos en las glorias de la antigüedad romana que en el esplendor de su impresionante oferta de bocadillos inolvidables, que a falta de mesas dentro la tradición exige sean consumidos en el banco situado justo fuera de la tienda.
No muy lejos de allí, de noche, para esa copa inevitable después del trabajo, el Bar del Fico, situado en la Plaza del mismo nombre, es uno de los lugares favoritos de los profesionales romanos, que acuden atraídos sobre todo por la llamada de su célebre vino espumoso, el prosecco, que se sirve apropiadamente en vasos de champán. Se dice que conviene jugar a la lotería la noche que uno consigue mesa en su solicitadísima terraza.
Por último el ambiente cultural y artístico del Caffé Fandango (Via dei Prefetti, 22) constituye el escenario perfecto para tomar un café de una manera más continental, es decir despaciosamente y durante largo tiempo, en contraste con la costumbre más arraigada entre los romanos.
Cuando alquile apartamentos en Roma no deje de visitar estos lugares si quiere sentir de verdad la respiración y pulsos más genuinos de esta ciudad absolutamente extraordinaria





















