Monumentos desapercibidos en Roma
Si como afirman los diccionarios un monumento es, entre otras cosas, toda construcción que posee valor artístico, arqueológico, histórico o similar, probablemente en ningún otro lugar del mundo encontraremos tal densidad de ellos por kilómetro cuadrado como en Roma, la mayor parte de los cuales nos pasarán forzosamente desapercibidos.

Uno de ellos puede ser sin duda la Carcere Mamertino (Clivio Argentario, 1), en los siempre sobrecogedores foros, concretamente entre el Foro Romano y la via dei Fori Imperiali, a los pies de la escalinata que conduce al Capitolio, donde pese al armónico aspecto clásico de su bella fachada eran arrojados todos aquellos que el capricho de las autoridades consideraba una amenaza para la seguridad del Estado. Son además, un curioso y poco conocido punto de peregrinaje cristiano en virtud a la leyenda que afirma que los rasgos de San Pedro quedaron impresos en uno de sus muros cuando se dio un cabezazo contra él antes de convertir, mediante su ejemplo y la creación milagrosa de un pozo de agua para bautizarlos, a los guardias que lo custodiaban. A los que les cueste algo más de trabajo creer esta historia, probablemente impresione más el infame agujero en el suelo por el que se tiraba a los prisioneros a las mazmorras para, una vez muertos de hambre, disponer de sus cuerpos arrojándolos a la Cloaca Maxima.
Bara desplazarse de este truculento mundo subterráneo a otros planos en apariencia sensiblemente más luminosos y elevados basta con dirigirse a la pequeña pero arrebatadora iglesia barroca de mármol rosa pálido de Sant´ Andrea al Quirinale (Via del Quirinale, 29). No es tal vez la obra más conocida de Bernini, que la construyó sin cobrar nada a cambio como un regalo para los jesuitas pero su astuto diseño espacial milagrosamente multiplicador del espacio y la estatua que representa a San Andrés abriéndose camino en su vuelo hacia el cielo a través de un frontón quebrado son auténticamente memorables.
Si bien sensiblemente diferente, otro edificio notable no suficientemente bien conocido es el espléndido palacio art-noveau que hizo las veces de estudio y hogar del artista y escritor noruego-americano Hendrik Christian Andersen
http://www.museoandersen.beniculturali.it/index.php?en/1/home famoso tal vez menos por sus esculturas y megalómanos planes para una ciudad moderna ideal que por su relación homoerótica con Henry James. Especialmente recomendable son el bar de la azotea del palacio y sus magníficas vistas, a los que se puede acceder sin necesidad de visitar el museo.
Menos conocida que la de Trajano, de la que imita el relieve historiado en espiral, tal vez la forma más cercana al cine que tenían los romanos, la columna de Marco Aurelio, construida entre 180 y 196 y situada en la Piazza Colonna, sirvió sin embargo de inspiración para numerosas estatuas del Renacimiento, época en que trágicamente una estatua de San Pablo substituyó a la del emperador filósofo en la parte superior del monumento.
Desde la perspectiva actual constituye un agridulce recordatorio de una época donde los gobernantes podían ser también grandes figuras culturales. Difícil no reflexionar sobre ello cuando se alquilan apartamentos en Roma








