El Cascanueces en Roma
El bellísimo Teatro de la Opera de Roma (http://www.operaroma.it/stagione/stagione_2011_2012/balletti) ofrecerá durante el período comprendido entre el 20 y el 30 de diciembre uno de los grandes clásicos de la temporada navideña, el ballet El Cascanueces del compositor ruso Piotr Ilih Tchaikovski (1840-1893), sin el cual es casi tan difícil imaginar las fiestas que celebran el Solsticio de Invierno en Occidente como sin las tradicionales luces que transforman milagrosamente durante una semanas el aspecto de las ciudades o los regalos investidos de magia, buenos deseos y voluntad de futuro que se intercambian sus ciudadanos en buena parte del mundo.

Sobre el escenario del célebre teatro romano—lugar del emotivo momento vivido hace unos meses durante la representación de Nabucco de Verdi, celebrada con motivo de la conmemoración de los ciento cincuenta primeros años de la unificación italiana, cuando el prestigioso director de orquesta Riccardo Muti rompió una costumbre arraigada en él y se dirigió excepcionalmente al público para pedirle que se uniera al bis del coro de los esclavos de la canción Va pensiero tras hacer un paralelismo entre la situación de éstos, que ya en época de Verdi el compositor romántico usó como alegoría de la situación del oprimido pueblo italiano, y la de la cultura del país transalpino bajo el gobierno de Berlusconi con estas palabras: “Tengo más de 60 años y he vivido mi vida viajando extensamente por todo el mundo, y como italiano me avergüenzo de lo que está sucediendo en mi país. Así que acepto la solicitud de hacer Va Pensiero de nuevo. Esto no es sólo por la alegría patriótica que siento, sino porque esta noche, cuando yo dirigía el coro cantando ‘Oh, mi país, hermoso y perdido’ pensé que si continúa así, si no ayudamos a la cultura, verdaderamente nuestra patria será realmente ‘hermosa y perdida’”—sobre ese mismo escenario, decíamos, se desplegará, como ocurre en tantos y tantos países desde hace más de un siglo durante los últimos días del año, esta hermosa y perturbadora historia de juguetes rotos, autómatas, objetos que cobran vida y mundos paralelos encantados del siempre inquietante y fascinador E.T.A. Hoffmann inmortalizada por una música cuyo envolvente poder hipnótico se introduce delicada y abismalmente en los espectadores hasta las últimas galerías de la sangre dejándonos, ayudada por una ensoñadora coreografía difícilmente olvidable, suspendidos en un estado sonámbulo abierto, como corresponde a los días que anuncian y sirven de umbral al nacimiento del Sol y del nuevo año, al asombro, lo excepcional, el misterio y la magia, que se corresponde con un cierto estado de gracia.
La incertidumbre respecto a la consistencia del territorio que supuestamente separa la vigilia y el sueño, tejida aquí con movimientos, palabras e imágenes en forma de un manto musical encantado dotado del poder de cambiar a través de la imaginación la percepción convencional de las cosas para acceder a la verdadera vida de la que hablan los poetas y los gnósticos, es propia de todo sentimiento verdaderamente espiritual o incluso, si se experimenta en comunión con otros, religioso.
Tal vez por eso este extraño y subyugador cuento de navidad, con todos sus recursos al exotismo propios de finales del XIX, sigue afectándonos tan profunda e íntimamente. Si alquila apartamentos en Roma durante las fiestas del Solsticio, no se lo pierda.





















