Rafael Alberti; Roma, peligro para caminantes
El escritor y pintor Rafael Alberti (1902-1999) fue una de las figuras más destacadas del grupo de creadores españoles, principalmente poetas, conocido genéricamente como Generación del 27. Se trató de una explosión artística sin precedentes al margen del llamado Siglo de Oro de la cultura española acaecido entre los siglos XVI y XVII, con el que ha sido comparado en numerosas ocasiones.

La sublevación militar contra el orden legítimo y democrático republicano de 1936 y las subsiguientes guerra civil y dictadura militar que marcarían la desastrosa deriva del país los cuarenta años posteriores a esa fecha dieron al traste con esta brillante generación condenando a la mayor y más brillante parte de sus miembros a la muerte o el exilio. Incluso aquellos creadores pertenecientes por edad al grupo que habían abrazado los ideales del falangismo con la esperanza, en la mayor parte de los casos estética y sumamente contradictoria, de que estos llevaran al país a un orden nuevo donde volviera a brillar el destino imperial de una nación por otra parte esencialmente inventada fueron estragados por la desilusión al comprobar progresivamente que, finalizada la guerra, sólo habían contribuido a la plena devastación moral, económica y cultural del país, gobernado no por inteligentes y enérgicos líderes de futuro capaces de encarnar los ideales fascistas—cuya parafernalia había sido sin embargo convenientemente adoptada—sino por una caterva de militares reaccionarios crueles, sanguinarios, caciquiles, incultos y ultramontanos imbuidos de un fanatismo religioso pacato e inquisitorial más propio de los siglos pasados que del mundo nuevo que ellos auguraban. Habían ganado la guerra pero habían perdido la paz pues su propio desarrollo intelectual se estancó inevitable y trágicamente al no disponer de un contexto cultural que estimulara el contraste y debate de ideas y la competición con sus pares.
Esos compañeros ausentes, lo más bello y fructífero de las artes y las letras españolas del siglo veinte, en relación y combate intelectual con los cuales la obra de los falangistas—condenados en su mayoría desde entonces, conscientes de lo que habían hecho, a un suicidio lento pero inexorable por alcoholismo—podría haber florecido con vida, estaban, ya lo hemos dicho, muertos (Lorca, Hernández…) o en el exilio.
Tal era el caso de Alberti (responsable del salvamento de los cuadros del Museo del Prado durante los bombardeos franquistas de Madrid) cuyo exilio fue doble, pues tras vivir más de veinte años en Argentina, en 1963 también se vio forzado a abandonar el país americano por motivos políticos, otra dictadura, renovando así el hondo dolor de perder un país que sentía como suyo por segunda vez.
Decide entonces instalarse en Roma, en el Trastevere, donde escribe un libro de una extraña belleza, Roma peligro para caminantes, que, partiendo de Gioachino Belli, celebra a través de la forma del soneto, con inspiración baudeleriana, una bella y pasoliniana cotidianidad romana hecha de gatos, noche, callejones, pintadas, meadas, plazas, ratas, rateros, tráfico imposible (de ahí el título) y fragor de motocicletas.
Paul Oilzum
Es un libro libre y leve, bello y ágil que muestra una cara inédita de la ciudad, a la que exige le dé a Alberti suficiente para compensar tanta pérdida. Lo que a juzgar por su lectura la urbe hace sobradamente. Después de leerlo es difícil no desear habitar apartamentos en Roma








